Los huesos en el aire
Miguel Ángel Andrade
domingo, 1 de junio de 2014
Canciones lejanas
martes, 27 de mayo de 2014
"Antes que me hubiera apasionado mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia."
Arturo Cova
miércoles, 24 de febrero de 2010
Las ventanas sosegadas
bajo las manos intranquilas
una llama que aparece,
enlutada, tras el quicio
de la timidez
Y la lumbre prosigue
en la rosa triangular
la roca se expande
en los bajos silencios
conversaciones en la sombra
garabatos en el café
burbujas en los sonidos
la metralla en la risa
auspiciando los colores del invierno.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Aunque estés lejos,
que estás viviendo a solas,
siempre que formas o que rompes algo
cuando algo modificas en las cosas
que te cercan a diario, y al hacerlo
sientes que estás abandonada,
que no hay nadie en tu mundo transformado,
no padeces tú sola. Estoy contigo.
Trabajo tuyo y mío
es abrir las ventanas, las opacas
paredes, asomarnos a las cosas,
y no quedar en paz, no ser felices
mientras haya tristeza, mientras haya
algo que no esté hecho, mientras llore
sentado en una calle, entre las gentes,
un perro abandonado.
De tanto darse en vano, está dolido
tu corazón que sigue dándose.
Todo lo que tú eres, lo que amas,
crece en tu corazón , y lo desborda, y se despeña
de tus manos abiertas.
Pero no das en vano ya; recibo
lo que dejas caer. Tu desventura
ya no es completa desde que te amo.
Reina desamparada,
señora de las dádivas perdidas:
porque te necesito te hago falta.
Tu soledad no es sólo tuya, es nuestra,
porque te das existo,
y solidariamente respondemos
de la suerte del mundo.
lunes, 25 de mayo de 2009

Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados.
Parece que se hubieran alejado de pronto
o que el amor fuera una hormiga
escalando los declives del cielo.
Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones,
vigilancia de cuerpos sin presencia.
Hemos perdido juntos tanta nada
que el hábito persiste y se da vuelta
y ahora todo es ganancia de la nada.
El tiempo se convierte en antitiempo porque ya no lo piensas.
Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación, dos sustitutos.
Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.
Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.
Roberto Juarroz
miércoles, 15 de octubre de 2008
El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.
...
Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.

Las mariposas asesinas que rondan el haz de los misterios.
viernes, 1 de agosto de 2008
Alejandro Aura
(1944-2008)
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.
domingo, 8 de junio de 2008
Qué pocas cosas sé
y cuán difícil me resulta
decirlas.
De un momento en adelante todas
las palabras
se vuelven difíciles
porque ya no existen.
Te quedas solo
en un mundo ajeno
donde todos te saludan
con falsa cortesía
y te miran envidiando
lo que ellos mismos no tienen.
Y avanzas
con el lodo hasta la mandíbula
devolviendo las reverencias
que ya te han enseñado
a realizar normalmente.
En el instante preciso
en que en alguna fábrica de guerra
de este mundo
insospechadas manos fabrican
la bala que lleva
escrito
mi nombre.
fotografía d José Luis Cuevas
miércoles, 21 de mayo de 2008
18
Tú no tienes nombre.
Tal vez nada lo tenga.
Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.
Roberto Juarroz
lunes, 10 de diciembre de 2007
No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle, cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti linda ramera, y a mí, viejo libertino.*
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