domingo, 1 de junio de 2014

Canciones lejanas

Sí, lo sé. Los trenes corren locales a la madrugada y los nocturnos aprovechan los naufragios para despeñarse en su espera de minutos, de bancas siempre sucias y demasiado estrechas para compartir su soledad. 
Porque todas las personas extrañan a alguien, me propuse no buscarte, pero apareciste, "chica con ojos de ayer", con tu voz y sus canciones lejanas, con tu mirada de ternura inconsolable, con tu sabiduría de todo lo prematuramente perdido.
Tú conoces bien estos vagones oscuros donde ahora vivo, esta imperceptible lejanía que nos secuestra a los que nacimos donde los ríos y sus reflejos sólo conocen resplandores profundos . 
Tú conoces estas temperaturas extremas que nos llevan del rencor a la sonrisa en un abrir y cerrar de puertas. 
Sabías que te esperaba, los murciélagos sabían que me buscabas y nos orillaron hacia esa colina donde nos esperaba un violento encuentro con la lluvia.
Ven, llévame al fondo de tus categorías, enciérrame en tus ganas, ahógame en tus lienzos, derríteme en tus hielos antes que la noche se derrita y nos deje vagando cada quien en su cuarto lejano, cada quien en su estrella de plata.




martes, 27 de mayo de 2014

"Antes que me hubiera apasionado mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia."

Arturo Cova

martes, 17 de abril de 2012



El filo del rojo rasgando el aire...


miércoles, 24 de febrero de 2010




Las ventanas sosegadas
bajo las manos intranquilas
una llama que aparece,
enlutada, tras el quicio
de la timidez

Y la lumbre prosigue
en la rosa triangular
la roca se expande
en los bajos silencios

conversaciones en la sombra
garabatos en el café
burbujas en los sonidos

la metralla en la risa
auspiciando los colores del invierno.


sábado, 19 de diciembre de 2009

Aunque estés lejos,

Aunque estés lejos, aunque pienses
que estás viviendo a solas,
siempre que formas o que rompes algo
cuando algo modificas en las cosas
que te cercan a diario, y al hacerlo
sientes que estás abandonada,
que no hay nadie en tu mundo transformado,
no padeces tú sola. Estoy contigo.

Trabajo tuyo y mío
es abrir las ventanas, las opacas
paredes, asomarnos a las cosas,
y no quedar en paz, no ser felices
mientras haya tristeza, mientras haya
algo que no esté hecho, mientras llore
sentado en una calle, entre las gentes,
un perro abandonado.

De tanto darse en vano, está dolido
tu corazón que sigue dándose.
Todo lo que tú eres, lo que amas,
crece en tu corazón , y lo desborda, y se despeña
de tus manos abiertas.

Pero no das en vano ya; recibo
lo que dejas caer. Tu desventura
ya no es completa desde que te amo.

Reina desamparada,
señora de las dádivas perdidas:
porque te necesito te hago falta.
Tu soledad no es sólo tuya, es nuestra,
porque te das existo,
y solidariamente respondemos
de la suerte del mundo.


Rubén Bonifaz Nuño, El manto y la corona

lunes, 25 de mayo de 2009




Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados.
Parece que se hubieran alejado de pronto
o que el amor fuera una hormiga
escalando los declives del cielo.

Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones,
vigilancia de cuerpos sin presencia.

Hemos perdido juntos tanta nada
que el hábito persiste y se da vuelta
y ahora todo es ganancia de la nada.
El tiempo se convierte en antitiempo porque ya no lo piensas.

Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación, dos sustitutos.

Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.

Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.

Roberto Juarroz

miércoles, 15 de octubre de 2008

NI LO QUE DIGO

El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.
...
Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.





Las mariposas asesinas que rondan el haz de los misterios.



viernes, 1 de agosto de 2008

DESPEDIDA


Alejandro Aura
(1944-2008)

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas


que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.




domingo, 8 de junio de 2008

Poesía trágica


VI



Qué pocas cosas sé
y cuán difícil me resulta
decirlas.
De un momento en adelante todas
las palabras
se vuelven difíciles
porque ya no existen.
Te quedas solo
en un mundo ajeno
donde todos te saludan
con falsa cortesía
y te miran envidiando
lo que ellos mismos no tienen.

Y avanzas
con el lodo hasta la mandíbula
devolviendo las reverencias
que ya te han enseñado
a realizar normalmente.
En el instante preciso
en que en alguna fábrica de guerra
de este mundo
insospechadas manos fabrican
la bala que lleva
escrito
mi nombre.




Teófilo d . Frangópoulos



fotografía d José Luis Cuevas

miércoles, 21 de mayo de 2008

18


Tú no tienes nombre.
Tal vez nada lo tenga.

Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.

Roberto Juarroz

lunes, 10 de diciembre de 2007

No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle, cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti linda ramera, y a mí, viejo libertino.*

*


:
"Estampa antigua"
*Julio Torri, El ladrón de ataúdes, FCE, México, 1987.

lunes, 15 de octubre de 2007


Pérfido será el juramento hecho.

Un día aquella mirada traerá a ambos la ruina.

Mientras, la noche nos reconoce

como buenos actores de nuestras emociones.

jueves, 27 de septiembre de 2007


jueves, 13 de septiembre de 2007

Me quedo
no sé si es un minuto lo que falta
o un siglo lo que sobra

las botellas del amor están vacías
sucias las albercas del deseo

nado y me apareo
tanta luz entre la manos
tanto sonido entre los ojos
que no acaba de reunirse

los movimientos
la penuria
los temblores
aquel loco zumbido
obligan a dejar el suelo
y extender la sombra.


4septiembreIImil4

miércoles, 29 de agosto de 2007






Guatemala La Antigua
(fragmento)


Se oyen crecer las uñas de tus muertos,
los chorros de las fuentes que sostienen
bailando un tiempo de oro redondo
y sin valor alguno;
tus días desmayados en cojines
de miel y aburrimiento,
y mis gritos que se hacían añicos
con las lentes acústicas creciendo
de arcadas y de cúpulas.


No te muevas.
Lloraría hasta el viento.
Con sólo respirar se rompería
tu equilibro de telaraña.
Y así, como estás en mi recuerdo,
¿quién te reconocería?


Luis Cardoza y Aragón

jueves, 23 de agosto de 2007


Bajo el cielo de las despedidas


jueves, 14 de junio de 2007

No intento el vacío
pertenezco al rumor
al helado silbido de la niebla

aquí tengo mis manos horrendas
mis pupilas espantadas

amarro alambres hermosos a la luna
en la piedra dejo veranos sumergirse

Pertenezco a la lejanía
siempre que la furia
deje sus aullidos en el agua.


14junio2mil6

lunes, 4 de junio de 2007



Batalla contra el cielo


Para Valeria, Adrián y Fabián, que soportaron a las fieras.





Era el mes de mayo en el año 2007, México, la Plaza de la Constitución. A un neoyorkino un tanto extravagante e iconoclasta se le ocurrió hacer una foto con modelos desnudos en el ombligo del país. La convocatoria fue general, no hubo restricciones, apenas la mayoría de edad. Pasó casi un mes entre el llamado y la cita. Los rumores eran inminentes y constantes. Hubo quien condenó la osadía, otros vieron en el intento el pretexto necesario para despojarse de sus prejuicios.
La madrugada del domingo seis de mayo los elegidos acudimos a la reunión de soledades. La respuesta fue masiva y superó las expectativas. Los mexicanos querían demostrar que el arte en México era más que la imagen de un indio sombrerudo o la estampa de Frida Kahlo en bolsas para el mandado. Quizá no lo sabían, la respuesta era también una duda sobre el imaginario nacional. Seis de la mañana: casi veinte mil personas esperan instrucciones sentadas en el perímetro de la plaza. Las advertencias lógicas: cumplan las indicaciones, mantengan la calma, si no saben qué hacer hagan lo que la persona que está frente a ustedes. “Nada de festejos”, y las manos entonando un ritmo que une y desata el orgullo. “Ésta es una batalla contra el sol”, y los cuerpos en franca rebeldía dispuestos al sacrificio solar. Sólo la madrugada era capaz de contener tanta desnudez voluntaria. La noche no era propicia, nos habría conminado al tacto y al deseo.
Al fin la orden. Como un gatillo que se cierra, la voz descompuso el pudor y en un instante el espacio era una sinuosa geografía de colores y esencias. Ninguno de los presentes se acongojó, el cuerpo era la palabra y el aire, la astilla en el ojo y la luna en la respiración. Avanzamos lentamente hacia la plaza, cada uno tomó su lugar en el centro de un bloque. Ya no había distinción entre alegres y furiosos, la gran fiesta había comenzado.
Como para cubrir una parte de su desnudez, la masa coreaba frases y ocurrencias, las alusiones a los sexos eran lo más mesuradas posibles, nadie se atrevió a recibir una respuesta que lo abandonara a la impaciencia de los demás. El humor era una manta que ocultaba las partes más íntimas de los congregados. No faltaron las consignas políticas que referían a los dudosos resultados de la elección en julio de 2006 o las expresiones insidiosas contra las autoridades religiosas en estos tiempos tan pendientes de los aconteceres de la vida nacional.
Comenzó el reto. Realizamos las tres posiciones advertidas, las dos últimas entre el dolor del suelo y la naturaleza del frío. Una más desconcertó a algunos: un saludo a una bandera ausente, una reverencia a la patria lastimera y lastimosa, herida, serena y ubicua.
Antes de la segunda posición, frente a la Catedral surgió una leve onda que se convirtió en ola atravesando la plancha del Zócalo, con ella llegó una música de entusiasmo, estábamos en la feria de los sentidos.




Sólo la madrugada era capaz de contener tanta desnudez
voluntaria. La noche no era propicia, nos habría conminado al tacto y al
deseo.



A los lejos y desde las alturas un ejército de voces y miradas “daban fe” del evento. Un rumor fieras oteando en el horizonte de la civilización. Las fieras eran también los furiosos, las criaturas del rencor, los que ven en la desnudez una ofensa para el cielo. Ellos eran una pared invisible que nosotros habíamos derrumbado.
Cuando avanzamos hacia la calle 20 de noviembre la mañana era ya una gran celebración. El frío había desaparecido del cuerpo, nadie halló rastro de decoro en las miradas que flotaban en la redonda piel de nuestro encuentro. Lo estrecho de la calle nos obligó a sentir al prójimo más cerca, a percibir el aroma de ninfas ocultas tras el amargo sudor masculino.
El regreso fue lento y maravilloso, cada uno en su burbuja de esplendor y magia. Nadie la vio, pero nos imaginamos la imagen de nuestros cuerpos cubriendo el pavimento, la historia, la política, el arte, compitiendo contra la desnudez del sol. Las mujeres —ya separadas de los hombres— también se hicieron escuchar: “Sí al aborto”, “Ni una muerta más”. Ellas, a lo lejos, eran una mujer más grande y etérea, una voz de cinco mil corazones en un cuerpo perfumado por el amanecer.
Al final un río de feminidad fluyendo entre nosotros: una mujer desnuda atravesándonos la mirada. En los hombres que contemplábamos el regreso no apareció el más mínimo piropo albañilesco, las miramos pasar mudos, sorprendidos, con la pupila encendida, festejando la valentía y la libertad.
La energía liberada en la plaza se mantuvo en el aire durante varios minutos. Avanzábamos lentamente, tratando de asir una imagen fiel que se estableciera, sin prisa ni presión, en nuestra conciencia. Porque después de todo el Zócalo de la ciudad de México no volverá a ser el mismo para quienes lo pisamos con pies desnudos. El fotógrafo, indudablemente feliz, caminaba entre sus convocados con la sonrisa de quien ha visto nacer una medusa. Quizá la cámara de Tunick, inconscientemente, busca lo mismo que Dostoievski: encontrar al hombre en el hombre.




martes, 8 de mayo de 2007

Un hombre atraviesa una plaza —desnudo—.
Una mujer atraviesa una mirada —desnuda—.
Entre la plaza y la mirada, a punto de ocultarse,
Una luna de hielo extiende su desnudez.
todo apunta a que la pareja —desnuda—
se reconozca y comience su camino a casa.
Todo parece indicar que la luna derretirá su hielo
tras el rastro de los amantes reunidos.
Es muy probable que del aquel encuentro
en el cielo quede una respuesta.
La luna dejó que la plaza se incendiara.
Pero no hay pregunta.
La mujer y el hombre se cruzan en el camino.
Él apenas voltea.
Ella busca algo más lejano y preciso.
En una plaza de hielo el sol descubre
su propia desnudez reflejada.

viernes, 20 de abril de 2007

Baila, baila sobre mí ese
misterio de
humedades que te enseñaron las estrellas,

el coro de colores olorosos de los
colibríes.
Buscaré para ti los versos más delgados,

el acento sin penumbra,

las sinalefas
homicidas.